Más o menos para el año 80 u 81 yo frecuentaba mucho Jazz & Pop en la calle Chacabuco. Ahí vi a todos, o a la gran mayoría, de los grandes del jazz de ese momento, en un clima distendido y mágico, inolvidable. Alrededor de las 3 caía Hernán Oliva con sus músicos, entre ellos el Zurdo Ravera. Lograban un clima casi de misa, un poco por el silencio que imponían (en un ámbito donde se chupaba y hablaba) y otro poco por el misticismo que los rodeaba, derivado de esa leyenda que representaba Hernán. Me llamaba mucho la atención esa comunión entre Hernán y el Zurdo, por ejemplo, nunca marcaban cuatro y arrancaban "arando" en una sincronización asombrosa, era como si el Zurdo respirara junto con Hernán. A esa altura el Zurdo había cultivado un estilo muy de síntesis en los solos (madurez que todos los músicos queremos alcanzar, al menos es mi caso) y me mostraba así un modo de tratar el instrumento alejado de las pirotecnias que uno compra cuando es jovencito...
Noches de invierno casi polar en la calle pero que adentro se calefaccionaban enseguida a pura música. Si alguien llegaba a decir una palabra, se quebraba esa mística, como más de una vez ocurrió, y así preferíamos escuchar y ver en silencio, como devocionalmente.
Osvaldo Burucuá, Buenos Aires, 23 de mayo de 2016.

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